Agua. Quiero agua.
En el viento hay agua que viene detrás de las grandes paredes. Dolor.
Miedo. Agua. Agua. Junto viene otra agua
de viento. Agua que duele. Agua, agua feliz.
Caminar, caminar, feliz, caminar, miedo.
Se
mueven, se mueven. Miedo, dolor, miedo.
Caminar agua. Mi boca agua. Feliz, feliz.
Tengo
sed, Huelo agua. Agua cercana. Mucha agua escondida. Agua detrás de paredes. Tengo miedo de paredes. No quiero dolor. Quiero agua.
Agua sin dolor, lejos, lejos.
Camino
hacia el agua camino, camino. No quiero caminantes. Miedo, dolor. Camino sin caminantes. Feliz sin caminantes.
Agua aquí, agua huele, duele. Agua en mi boca, contento.
No
sed. Hambre. Dolor. Camino, noche.
Hambre, no dolor, no miedo.
Estoy
bien. Contento sin miedo. No me gusta la sed. Quiero agua. Hay mucha agua en el
aire. Hay muchas aguas cerca de mí. Lejos de mí. Las personas tienen agua
escondida en las paredes. No me gustan las paredes. Me dan miedo. Las personas
me duelen, tengo miedo a las personas. No quiero agua de las personas. No
quiero agua escondida en las paredes. Tengo sed, quiero el agua que está lejos,
que está en la tierra, que está en la piedra. Mi agua está lejos. ¡Quiero mi
agua! Camino para tomar agua. El agua no está escondida. Mi boca tiene el agua
de la piedra. Mi agua tiene dolor. Tengo miedo. Tengo sed. Tomo agua con dolor.
Estoy contento no hay personas.
Camino
por las calles evitando a las personas, sé que me hicieron daño.
Camino
por las calles. Estoy contento. Busco agua porque tengo sed. No hay personas en
estas calles. Las calles son mías. Contento de que no hay personas. Si no las
miro estoy contento. Encuentro agua que huele bien pero la esconden las
personas. No quiero el agua de las personas. Las personas me hicieron daño
cuando las veía. El agua que esconden las personas me hace daño, no me quitará
la sed. En las calles está el agua no escondida, el agua con tierra en la
piedra de las calles, me acuesto en la tierra con agua, trago el agua que me
quita la sed, que no está escondida, que no tiene personas. Me gusta el agua que sabe a cosas sin
personas, agua que es de la piedra y que es mía, que no se esconde.
El
silencio es mi mejor defensa. Si no les doy mi voz, me dejan en paz. Ellos me ven a mí, por un momento, y después
se van. ¡Qué bueno! Algunos me ven, me
hablan. Yo no los veo, no les hablo,
entonces también se van ¡Qué bueno!
Me
quito las cosas de mi cuerpo que yo usaba, que ellos usan. Entonces encuentro
que ellos tienen miedo, ellos se van. Yo
me quedo con cosas que dan calor. Si quiero el calor, como al agua que me quita
el dolor de la sed.
Yo
no quiero hacerles daño. Sólo quiero
estar solo. Quiero que no me hablen,
quiero que no me vean. Me gustan las
calles. A ellos también les gustan las
calles. Si no los veo ellos no están.
A
ellos les gusta esconder el agua. A mí
me gusta el agua que está en la calle, que quita la sed, y que no está
escondida.
Lo
que ahora son mis calles antes, aunque me doliera o me causara temor, debía
llamarla, no calle con pocos árboles, sino Vallejo, Montevideo, Eje
Central. Yo, aunque me causara daño,
tenía que estar encerrado, sin salir al sol, dañar a las otras personas con
menos ropa que yo, que sufrían cuando yo les hablaba. Cuando yo hablaba como ellos, hablaba
así. Tuve que huir.
Si
alguien buscara la verdad de lo que soy o de lo que fui encontraría que escogí
vivir, no en los márgenes de la sociedad, sino más allá, que escogí, no ser un
mendigo o limosnero, sino vivir afuera de la sociedad, no lejos, sino
afuera.
Un
vagamundo (¿Por qué todos decimos vagabundo?) más alienado que nosotros vaga
por los alrededores de la zona industrial Vallejo, con taparrabos y esquelética
figura que envidiarían algunos seguidores de Gandhi. Me lo imagino como producto de un momento
revelador epifánico en que tuvo que dejar de ser el dócil investigador
burocratizado de aquella institución.
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